Me preparé durante meses para una tarima. Maracaibo me preparó para algo más

Hay cosas que uno entiende solo cuando ya pasaron.

Hoy, mirando hacia atrás, entiendo que Dios me venía preparando en este camino sin que yo lo supiera. Cada cosa que viví antes, las que salieron bien y las que no, me fueron dando herramientas que yo no sabía para qué eran. Hasta que llegó el día en que me paré en una tarima y descubrí que tenía justo las palabras que esa audiencia necesitaba escuchar.

Esta es la historia de ese fin de semana en Maracaibo, la primera vez que di mi charla El Nexo que Vende y la primera vez que conocí la ciudad del Sol Amado.

Un encuentro que se hizo esperar

La preparación para Congreso MEME tomó meses. Y cuando ya todo estaba en su lugar, Venezuela se estremeció con un doble terremoto. El evento tuvo que reprogramarse y nuestro encuentro con Maracaibo se retrasó.

Pero la espera no apagó nada. El congreso siguió en pie con la misma energía, y yo seguí preparándome con las mismas ganas.

La deuda con Maracaibo

Yo llevaba años recorriendo el país con mi proyecto Conociendo Venezuela para Quererla. Conocía otros rincones del estado Zulia, pero Maracaibo seguía ahí, pendiente, como una deuda grande que yo misma me había puesto.

Necesitaba conectar con el calor de su gente. Con ese cantadito tan bonito que tienen al hablar. Necesitaba sentir la energía imponente del puente sobre el lago y poder, por fin, tachar este destino de mi lista y entender todo lo que me habían contado de este lugar.

Así que viajé con nervios. Y no solo por subirme a una tarima frente a mil personas, sino porque iba a conocer Maracaibo por primera vez.

Los panelistas – Congreso MEME Maracaibo 3 de octubre del 2026

Viernes: llegar

Salí muy temprano, con toda la emoción y la ilusión de vivir un fin de semana mágico en Zulia. Una primera charla frente a tanta gente y una ciudad nueva en el mismo viaje.

Nos recibieron con un calor que va mucho más allá del clima. Un calor que está en las personas.

En un almuerzo conocí a quienes serían mis compañeros de panel. Profesionales que yo admiraba desde las redes, que conocía por referencia. Sentada a esa mesa sentí algo muy parecido a una responsabilidad enorme: la de llegar a su altura.

Con el par de horas libres que tenía en la tarde pude haber ido a cualquier parte. Y lo primero que hice fue correr al Aula Magna de la URU, donde daría la charla al día siguiente. Quería conectar con el espacio, ver la tarima, caminarla con los mismos zapatos con los que la caminaría después. Mi convicción era dar lo mejor de mí a una audiencia que estaba invirtiendo tiempo y dinero en capacitarse. Quería entender el entorno, y vivirlo antes, para poder transmitir lo que quería transmitir.

Maracaibo en dos horas

Después sí. Contratamos un servicio de dos horas y empezamos preguntándole a la gente de Zulia qué lugares no podíamos dejar de ver y qué teníamos que probar.

La primera parada fue Pa que Luis, ese sitio histórico, ese bar del que se nombran tantas canciones, lleno de historia y de colores.

La segunda fue para agradecer. Porque dar gracias a Dios siempre es prioridad. Visité la Basílica de la Chinita, conocí la historia de esa pieza de madera donde se dibuja la imagen de la Virgen y recorrí su estructura. Para mí, la Basílica más bonita de toda Venezuela.

Y luego, la foto que yo necesitaba. Fuimos a un restaurante hermoso a la orilla del lago, con el puente en todo su esplendor frente a nosotros. Más de ocho kilómetros de largo que esta vez no pude cruzar y que me dejan una deuda para pronto. Pero lo tuve ahí, cerquita. Vi sus arcos, su estructura. Me tomé todas las fotos que pude, de todas las poses que se me ocurrieron, y me disfruté una bebida viendo el lago justo en el atardecer.

Esa tarde entendí por qué todo el mundo me hablaba de este lugar con ese brillo en los ojos.

La noche de bienvenida

Volvimos al hotel a arreglarnos para la cena de bienvenida. El equipo de MEME nos recibió con regalos, fotografías y palabras de aliento, preparándonos para el día que venía.

Sábado: la calma

Amaneció. Era sábado, el día del evento.

Y yo estaba completamente en calma. Feliz. Dios había puesto en mí una tranquilidad que no había tenido en los días anteriores, y tomé una decisión que hoy es de las cosas que más valoro: disfrutarme el día completo.

Nos recibieron entre aplausos, en un arco de público. Un auditorio con mil almas latiendo y aplaudiendo. Disfruté cada ponencia de mis colegas, emocionada, esperando mi turno.

El Nexo que vende: Comunicaicones y ventas alineadas para ganar.

La tarima

Y a eso de las tres de la tarde, por fin, me tocó.

Mis primeras palabras fueron estas:

«Hola, hola, Maracaibo. Estoy completamente feliz, porque en los pasillos se dice que ustedes son la mejor audiencia del país, y hoy lo estoy confirmando.»

Me habían advertido que la audiencia de Maracaibo era de las más difíciles, de las más complicadas de entretener. Y yo estaba feliz de estar justo ahí, frente a ellos.

Lo que quise decir

Hablé del nexo entre comunicaciones y ventas, pero desde una visión humana. Porque hoy creo que lo más disruptivo es priorizar lo humano.

Vivimos rodeados de tecnología: CRM, inteligencia artificial, automatizaciones, herramientas que nos dan toda la información para optimizar. Y todo eso es necesario. Comunicaciones tiene que seguir actualizándose en automatización, atención, contenido con inteligencia artificial, investigación de mercado. Ventas tiene que seguir apoyándose en un CRM para optimizar sus atenciones, en herramientas que den los KPIs y las métricas. Cada equipo, además, necesita tener sus asignaciones muy claras. Todo eso está muy bien.

Pero.

Todo lo que compartí en esa charla se podía aplicar solo con congruencia: la alineación entre lo que piensas, lo que dices, lo que sientes y lo que haces. Sin esperar un cargo nuevo. Sin esperar a una persona nueva en el equipo. Sin esperar una instrucción nueva ni integrar una herramienta tecnológica más.

Solo con la decisión de hacerlo.

La audiencia

Cuando falló la tecnología

Hubo problemas con la presentación. Y me los tomé con risa.

Lo que más me emocionó fue ver cómo respondió el público a esos errores: con la mejor actitud. El hilo nunca se rompió. Me reí con ellos, disfruté cada palabra que dije, y sentí con total claridad que Dios puso en mi boca las palabras correctas. Por eso terminé complacida de lo que vivimos esa tarde.

Lo que pasó al bajar

Cuando bajé de la tarima, lo que más me marcó fue la cantidad de personas que se acercaron.

Muchas ni siquiera me conocían antes. Se acercaron con un mensaje de agradecimiento, a decirme que la visión que les di era muy importante. Varios me dijeron que fui su charla favorita.

Compartí tarima con personas a las que admiro, en un panel donde se entregó muchísima información técnica de valor, herramientas, conocimiento. Y saber que, aun así, el público priorizó y valoró el contenido sobre las conexiones humanas me hizo sentir atendida y servida. Como una mujer joven que está comenzando en este mundo, pero con toda la intención de hacer historia, de construir cosas que importen y de sumar valor, recibir esas palabras me dio por completo por servida.

La cena

El día terminó con una cena para celebrar con todo el equipo de MEME. El equipo de producción, que lo hizo excelente. Todo el equipo operativo. Mis colegas conferencistas. Una noche genial, con esa satisfacción del trabajo bien hecho.

Nos contamos los momentos épicos de las charlas, las alegrías de la gente, y empezamos a leer los mensajes de lo que decían de nosotros. Fue magnífico.

El mensaje

Lo que me llevo

Si tengo que resumirlo en una palabra, es esta: conexiones.

Con una audiencia maravillosa. Con una ciudad nueva que no conocía. Con colegas y profesionales que tuve el honor de conocer más allá de las redes.

Estoy agradecida de que la primera vez que di El Nexo que Vende: comunicaciones y ventas alineadas para ganar haya sido recibida así. Y lo tengo claro: este es el primero de muchos.

Mi compromiso es no perder el propósito. Voy a multiplicar este contenido por todos los canales posibles, para seguir construyendo más valor, más conexiones y más resultados.

Gracias, Maracaibo. Me quedo con una deuda: cruzar ese puente.